Hoy hablé con Dios...
Me dijeron que en su casa él podía hablar conmigo.
Que tenía dirección, sucursales y unos amigos.
Pero sin la credencial es difícil la entrevista.
Apelé a mi condición de pecador, de perdido.
Se apiadaron los amigos y me dieron una audiencia
en una casa muy alta, con torres y unas campanas.
Cuán grande fue mi sorpresa, cuando entré y te vi colgado!
con las manos horadadas, traspasado en un lado,
coronado con espinas y oficiando de costado.
Tengo la leve impresión que Nietzsche te vio primero
colgado de este madero y difundió la noticia
“Dios ha muerto”, “Dios ha muerto”...
Miré por un momento y dije: - No estás muerto,
te tienen allí colgado para que no vayas afuera
con las Marías Magdalenas, publicanos, pecadores
y no gastes los millones en dar de comer a los pobres.
Qué lío tú armaría en Walt Street, su mercado
y te digo que con látigo es difícil de arreglar.
Tendrías que devaluar las mesas de los cambistas,
desviar algunas divisas a los pobres africanos
y dejar un lunes negro con todos esos reclamos.
Pero te quiero advertir que allí no podrás entrar,
primero hay que sacar la visa de visitante.
Sos pobre, desempleado, no tenés cuenta en el banco,
Ni avales inmobiliarios, lo siento... no calificas.
Si quieres, por el desierto, puedes entrar por tu cuenta
e intentar sobrevivir sin papeles ni tarjetas.
Si querés podés quedarte por estos lados, Señor
aquí somos un montón de pobres del tercer mundo.
Puedes pasar las fronteras y decir que eres hispano,
podés venir muy temprano o tarde, cuándo te guste.
Si te para algún gendarme, saca un pez de la laguna,
sin moneda, por supuesto, con eso pagas impuestos
de los tuyos y de los nuestros.
Señor... creo que no te conviene bajar de este madero
Quizás si te ven afuera te colgarían de nuevo.
La libertad de expresión está un poco restringida
y para colmo todavía, algunos ya la han comprado
si viajás a contramano de seguro te liquidan.
Perdón, Señor se hace tarde, me quedan pocos inviernos
gracias por la atención y tu tiempo que es eterno!
Sabes tengo la sensación que tú no estás aquí dentro.
Ni colgado de un madero, ni encerrado en un convento.
Tengo la leve impresión que estás visitando cárceles,
con los pobres, en los ranchos, sanando en los hospitales,
consolando al desahuciado, asistiendo en la cruz roja.
En Burundi, en Angola, en Guinea o Mozambique...
Qué ingenuo que fui Señor ... ¡siempre estuviste conmigo!
Que tenía dirección, sucursales y unos amigos.
Pero sin la credencial es difícil la entrevista.
Apelé a mi condición de pecador, de perdido.
Se apiadaron los amigos y me dieron una audiencia
en una casa muy alta, con torres y unas campanas.
Cuán grande fue mi sorpresa, cuando entré y te vi colgado!
con las manos horadadas, traspasado en un lado,
coronado con espinas y oficiando de costado.
Tengo la leve impresión que Nietzsche te vio primero
colgado de este madero y difundió la noticia
“Dios ha muerto”, “Dios ha muerto”...
Miré por un momento y dije: - No estás muerto,
te tienen allí colgado para que no vayas afuera
con las Marías Magdalenas, publicanos, pecadores
y no gastes los millones en dar de comer a los pobres.
Qué lío tú armaría en Walt Street, su mercado
y te digo que con látigo es difícil de arreglar.
Tendrías que devaluar las mesas de los cambistas,
desviar algunas divisas a los pobres africanos
y dejar un lunes negro con todos esos reclamos.
Pero te quiero advertir que allí no podrás entrar,
primero hay que sacar la visa de visitante.
Sos pobre, desempleado, no tenés cuenta en el banco,
Ni avales inmobiliarios, lo siento... no calificas.
Si quieres, por el desierto, puedes entrar por tu cuenta
e intentar sobrevivir sin papeles ni tarjetas.
Si querés podés quedarte por estos lados, Señor
aquí somos un montón de pobres del tercer mundo.
Puedes pasar las fronteras y decir que eres hispano,
podés venir muy temprano o tarde, cuándo te guste.
Si te para algún gendarme, saca un pez de la laguna,
sin moneda, por supuesto, con eso pagas impuestos
de los tuyos y de los nuestros.
Señor... creo que no te conviene bajar de este madero
Quizás si te ven afuera te colgarían de nuevo.
La libertad de expresión está un poco restringida
y para colmo todavía, algunos ya la han comprado
si viajás a contramano de seguro te liquidan.
Perdón, Señor se hace tarde, me quedan pocos inviernos
gracias por la atención y tu tiempo que es eterno!
Sabes tengo la sensación que tú no estás aquí dentro.
Ni colgado de un madero, ni encerrado en un convento.
Tengo la leve impresión que estás visitando cárceles,
con los pobres, en los ranchos, sanando en los hospitales,
consolando al desahuciado, asistiendo en la cruz roja.
En Burundi, en Angola, en Guinea o Mozambique...
Qué ingenuo que fui Señor ... ¡siempre estuviste conmigo!
